Tú que moriste como cualquier ser humano,
ofrendando Tu vida como un gesto de amor,
padeciendo torturas y sufriendo dolor...

Tú que moriste con los brazos abiertos,
contemplando en la cruz lo salvaje del hombre,
flagelada Tu carne y con burla en tu nombre.

Es preciso decirte que al morir en la cruz,
al liberar Tu cuerpo nos dejaste la luz,
de heredar tus preceptos,
de entender Tu verdad 
otorgando en el tiempo 
nueva oportunidad del arrepentimiento,
que se hace necesario para la humanidad...

Tú que sufriste en Tu carne el castigo,
perdonando al verdugo que se ensañó contigo.
Coronado de espinas y azotada Tu piel,
colgado del madero como el hombre más fiel...

Fuiste aquel hombre que siempre dijo
que cuanto hacía era en el nombre de su Hacedor,
que vino al mundo con la tarea
de dar su vida por el amor..

Fuiste El que entregó por completo Su ser,
El que nació de nuevo al entregar su vida,
Aquel que se hizo eterno con un gesto de amor,
El que en su propio cuerpo sufrió mucho dolor!

Fuiste El que no negó que eras el mecías,
Fuiste El que comprendió la mujer pecadora,
Fuiste Tú el que ofreció la siguiente mejilla
Y aquel que hizo cierto todo lo que decía!

Fuiste Tú el que al morir enseñó un camino
Que en manera distinta nos invita a vivir,
Y el miedo que sentiste de la muerte cercana
Fue una prueba concreta de lo humano de Ti,
por aquel sacrificio que al expirar 
Tu cuerpo ofreció por mi !!

Finalmente Jesús amado:
Eres Tú el ejemplo de la entrega sin medida,
del amor y el perdón que nos da una nueva vida!!

Autor: Jorge Recinos
© 2003 Derechos Reservados
Abril 4, 2003




















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Página Actualizada  04-12-18



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